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Abr 19

JABI MACHADO LA DISIMULACION DE LO REAL

Disimular: fingir no tener lo que se tiene.
Esconder lo real haciéndolo invisible, disfrazándolo, confundiendo.
Simular: fingir tener lo que no se tiene.
Enseñar lo falso mediante similares, de una realidad diferente o bien desviando la atención.

La pintura jamás puede ser una simulación de lo real por el hecho de que crearía imágenes falsas. Habría de ser, más bien, una re-creación de esa realidad alterando sus reglas, imponiendo modelos “imposibles” y haciéndolos posibles a través de la transformación de sus condiciones naturales.

Jamás puede ser una simulación de la realidad, exactamente por el hecho de que esa realidad ya existe. Más bien la pintura, la buena pintura, debería tender a disimular la naturaleza, ocultar detalles de esta misma, desarticular elementos de tal modo , de forma tan sutil, que nos hagan opinar que vemos la realidad cuando no estamos frente a lo que creemos sino más bien frente a una cierta perversión de las reglas establecidas, que traicionan la vista en una especie de trompe l’œil mas que no engañan al intelecto, ni lo pretenden.

LOS PERSONAJES DE JABI MACHADO

Cuadro MeliLos personajes que crea Jabi Machado, a medio camino entre lo ridículo y lo fantasmagórico, entre el daimon y el personaje de cuento (herederos del Goya más sarcástico; como su espacio lo es de Velázquez), se distancian de la realidad con la incorporación de una serie de elementos -o bien la deformación de otros-, mas aprovechando, exactamente, la realidad existente en ellos, su naturaleza. Deseo decir que no inventa nada, sencillamente lo re-edifica, lo altera de tal forma que engaña la vista haciendo pensar que tal deformación existe, mas no es de esta manera. Personajes reales, situaciones comunes, paisajes por todos conocidos, vistas de la urbe y calles por las que hemos recorrido o bien podemos hacerlo en cualquier instante, situaciones en las que nos hallamos una y otra vez, mas, como digo, perturbados de tal modo que forman una especie de mascaradas que nos fuerzan a fijarnos una y otra vez hasta darnos cuenta del engaño, que, por otro lado, no es más que la incorporación de ese elemento extraño, disonante.

Pueblan sus obras caballistas que recuerdan la pintura inglesa (Cuadro falso), fiestas populares (Cruci-ficción) donde los personajes rayan con lo esperpéntico y la inclusión siempre y en toda circunstancia de un módulo extraño que no se sabe realmente bien qué hace en el cuadro, si entra o bien sale de la escena o bien sencillamente está en una dimensión diferente. salido o bien formando una parte de otro cuadro, como ocurre en esta última obra citada.

EL IMAGINARIO DE JABI MACHADO

Cuadro CerdoEl imaginario de Machado se alimenta de estos personajes como de circo, con atuendos inverosímiles mas de forma perfecta posibles. Ahí está esa disimulación de la realidad, fingen una especie de insensatez que no tienen, o bien quizás esto sea la mayor de las insesateces. Espacios en los que ciertos elementos (El hombre y el otro) crean esa disonancia de la que hablo, un jergón suspendido del techo, que nos hacen pensar que nos hallamos como en un surrealismo revivido (Les trois planétes, Elliot o bien la música escapada, L’homme antenne), mas no hay planeta de sueños posibles en su obra por el hecho de que crea la realidad desde sí. No es pintura surrealista ni tampoco metafísica, más bien podría tratarse de un trabajo sicológico en y lugar desde el que bucea en los sentimientos, faltas, ausencias, nostalgias y alegrías, transformaciones de lugares comunes (Verosimilitud cero), situaciones usuales. Sus figuras, con sus deformaciones, su forma de mirar, sus gestos… pueden parecer extrañas mas incluso de este modo se hacen familiares, muchas de ellas entrañables. Sus acciones se dan en el tiempo familiar pues ese punto de espantoso que pueden tener ciertas de ellas recubre, conforme afirmaba Freud, una “inquietante extrañeza”. En su obra, la celebración ocupa un sitio señalado (La cremat, Nocturno), mas transformada en espacio en muchas ocasiones para el desencuentro, con personajes que no semejan ser parte de la escena común (La piñata).

Por extraños que nos parezcan (El alquimista) son bastante reales y las situaciones que se dan (El cielo alcanzado) están a la orden del día. obras, ciertas, en las que la realidad contada se recubre de atrocidad (La urbe cobarde), de análisis valiente de una situación límite, de la desesperación a la que todos podemos estar abocados, una situación que extrapola mudando las escalas, empequeñeciendo esa urbe traidora y engrandeciendo al hombre y su agobiada acción. Mas todo semeja ser parte de una gra impostura, el “gran teatro del mundo”, cerrando la escena como con un telón barroco. Escenas de seducción imposible (La urbe enmarcada) cuando a quien pretenden cautivar es a nosotros, cautivar con la mirada, con la duda siempre y en toda circunstancia de qué ocurre en el cuadro. Trasparentan otros temas mayores, nos ofrecen una forma de traspasar, un mirar mediante.

LA VIDA INTERIOR DE SUS CUADROS

Y esta es una de las dudas más tremendas frente a una obra de Machado: ¿qué sucede verdaderamente dentro? Es más, ¿sucede en el cuadro o bien este es solo lo que nos deja ver? Duda y inconveniente pues lo realmente complejo es la cantidad de cosas que suceden en una obra. Suceden los personajes, suceden las escenas, sucede la naturaleza, sucede el espacio. Y es complejo por el hecho de que jamás simula que ocurre algo, jamás pretende hacer pensar que pasa lo que no pasa; más bien disimula, disfraza, distrae lo que verdaderamente pasa en todas y cada una de sus obras. Disimula el espacio, el aire, lo aéreo (La tormenta), la escena a través de la interposición de elementos, mas que forman una parte de exactamente la misma, sencillamente están cambiados de sitio (Santamaría Madre de Dios).

En esta disimulación crea espacios alén del límite del cuadro, en una especie de pintura expandida que rompe la línea que marca la lona y se atreve con unas “irreverencias” compositivas que poquísimos son capaces de hacer y muchos menos de ejecutarlo con suerte. Personajes y escenas incompletos mas no rotos (Extraña celebración I, Los pies en la tierra).

En suma un trabajo de puro fingimiento pues la pintura, además de esto, jamás es real, jamás es real lo que vemos, sino más bien disimulo.

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